I Believe in God, Only I Spell it Nature

Lodos 

 

 

i am a little church(far from the frantic

world with its rapture and anguish)at peace with nature

–i do not worry if longer nights grow longest;

i am not sorry when silence becomes singing

 

winter by spring, i lift my diminutive spire to

merciful Him Whose only now is forever:

standing erect in the deathless truth of His presence

(welcoming humbly His light and proudly His darkness)

 

e.e. cummings

 

sintiendo la amplísima fascinación de espacio, el par de ojos se levantaron para preguntar: qué es esto que es el mundo. el dónde es tan hipotético como la construcción propia de su historia, aún más que hipotético, es imaginario. hubo en algún momento, un principio que correspondió con el fervor imperante de hacer preguntas. desde ese origen, el hilo se ha ido desatando, dejando tras de sí, eso que llamamos cultura, que no es otra cosa que la visión comunitaria de respondernos, juntxs, las mismas preguntas.

 

estamos deslumbradxs por los nuevos tiempos y sus gigantes rimeros de confusiones. y con ese deslumbramiento ha surgido una extraña ignorancia consciente: caminamos sin rumbo aparente, ajenos a la pregunta por la justa distancia entre nuestros cuerpos y las zonas que habitan. tenues frente a la naturaleza, percibimos alejados sus efectos, notando solamente que suceden porque aparecen inundando nuestros feeds. el ejercicio curatorial que rivera funda en el marco de la inauguración de sala-jardín-bar, proyecto espacial de APRDELESP, se posiciona justo frente a esa disputa por la propiedad topológica. a través de la construcción del espacio-objeto se disipan las brechas de diferencia que existen entre los sitios que habitamos, los objetos que los constituyen y los cuerpos que los ocupan para conjugarse dentro de un mismo fenónemo de intersticio.

 

es difícil actualmente perseguir cualquier concepto que no sea intersticial. los puntos de quiebre, que antaño permitían elaborar sistemas totales de pensamiento, se han centrifugado frente a un mundo polihédrico que nos escinde. el acercamiento es entonces parcial y depende de las figuras subjetivas que se atraviesan por la experiencia. pensando en esa realidad múltiple, las obras que se incluyen en I believe in God, only I spell it Nature sirven como acercamientos a ese mundo genético que todo cuerpo habita y que se interpreta desde una lógica de contacto con distintas facciones de un mismo estudio fundante: la intriga del espacio.

 

cada una de las piezas invoca una parcialidad de su mundo, definido por sus cánones particulares, abriendo una brecha a las razones que atraviesan su sentido. desde un primer entendimiento, el espacio doméstico se (re)figura frente al tratamiento kitsch de avantgardo en donde la aspiración y el lujo truncado se convierten en una forma de performativizar la riqueza en la proyección de la mutabilidad de su departamento; las voces del gusto desplazado también manifiestan las ilusiones visuales con las que samuel nicolle juega entre el ornato y la fantasía, creando así una apropiación contemporánea de la naturaleza muerta traspuesta frente al imaginario melodramático del cine francés. lo doméstico fluye hacia las postrimerías de la razón capitalista en la crítica hacia la productividad radical, simbolizada en el ícono de garfield, pensado por david atwood como una forma de nueva frontera para el ready-made.

 

la invocación del espacio teórico-cultural como segundo derrotero de exploración encuentra su habitación en el crisol de conceptos que se abren a partir de lo poscolonial, la descentralización del arte mayúsculo y la imagen como postura rizomática radical. en karla kaplun el vínculo entre escenografía y performance se mezcla con los referentes a la arquitectura orgánica de frank lloyd wright para así abrir la imagen a sus posibilidades de culto y banalidad. la proa simbólica de la modernidad fordista norteamericana, avante hacia el futuro, se funde con la exploración del cuerpo femenino en las esculturas de shana hoehn y, los fractales de los efectos de ese nuevo mundo colonial norteamericano transitan hacia la visión nocturna del esclavismo caribeño y el tráfico de maderas preciosas en la escultura de zapote y ziricote de javier fresneda. en luis f. muñoz se abren las posibilidades de la crítica por medio del levantamiento de nuevas categorías hegemónicas (y sus discretas farsas) sacadas entre las cuevas de la mochila de un hipotético estudiante universitario.

 

en la tercera instancia, se abre el territorio siempre mistérico de lo natural en su relación con lo espacial, la pregunta constante del ánimo científico por saber qué hay detrás de los efectos fascinantes de la siempre abyecta naturaleza. la investigación de fabiana martínez peláez se disputa entre los lugares de la cultura y su necesidad por construir ornato como forma de transgresión a los imaginarios asignados por la evolución natural, simbolizados en el proceso tecnológico con el que se obtienen flores moradas. de forma similar, el intento de domesticación del mundo hirsuto de lo salvaje se ve extrapolado en la obra conjunta del departamento de estudios de números primos conformado por wendy cabrera rubio y marek wolfryd, abriendo diálogo entre el tejido y el gabinete de curiosidades para posicionarse como una nueva instancia para la crítica hacia los postulados históricos del arte (así como sus formulaciones más cercanas dentro de lo latinoamericano) y la manera en que la representación se ha conformado desde visiones colonialistas que explotan la visibilidad de cierta parcialidad –exotizada desde fuera– de lo que nos constituye como región.

 

la pregunta que se levanta frente a los ojos del artista es similar al cuestionamiento que despierta la fascinación liminar por el mundo. pero está ahora posicionada como un ¿dónde estamos? drástico. el pensamiento y la arquitectura de nuestros afectos han tratado, de manera constante, de resolver la rigurosa pregunta. las respuestas huelgan y fallan. queda solamente la exploración en pos de reconciliarnos con un espacio pleno en donde se pueda fundar una capilla para la adoración de un dios que es por veces forma, por veces naturaleza y por veces –las más– misterio. 

 

-emilio a. valencia